19 nov. 2012

Esto de viajar, pocos lo entienden...

¿Por qué viajo?


Por estos días me encontré respondiendo estas 2 preguntas bastante seguido. Quizás hay mucha gente a la cual le intriga saberlo y por eso se los voy a contar.

El primer motivo, creo que está a la vista, esto de viajar por Latinoamérica me llamaba la atención desde muy chica, aun tal vez antes de conocer un mapa en detalle, y eso, que veía como un imposible, se transformó en mi sueño. Era mi amor platónico.

Mientras cursaba la licenciatura en turismo, estaba en contacto a diario con chicos que viajaban de un lado a otro, sin más que sus mochilas al hombro y escuchaba sus historias con admiración. Yo era una convencida  de que esa vida no era para mí,
aunque muy dentro mio, sabía que quería y hasta necesitaba experimentarlo en algún momento de mi vida.

Pero siempre los miedos y hasta las incertidumbres eran más fuertes, más grandes. De a poco (o de a mucho) el tiempo fue corriendo y los temores fueron madurando, no porque ya no existieran, si no porque iban perdiendo intensidad.

Y ya para entonces, tenía una vida socialmente correcta (como yo la llamo), era totalmente independiente,  tenía un buen trabajo, pagaba mi alquiler, mis cuentas, me iba de vacaciones donde quería y estaba cómoda, esa es la palabra; sólo que esa comodidad no me generaba felicidad plena, porque tenía lo que quería, pero no, lo que necesitaba.

Fue entonces que ese sueño que lo veía como inalcanzable, comenzó a convertirse en un desafío. También lo vi como una oportunidad de salir a romper estructuras, de enfrentar miedos, de superarlos y crecer al respecto. Pero aun había más cosas, sentía haber perdido la facilidad de relacionarme con la gente, me sentía alejada del común de la sociedad, me parecía que mi cotidianidad se estaba volviendo “aburguesada” (como diría Dino) y eso pesaba bastante. Elegí creer también en este viaje, para poder retomar esa dualidad de poder estar un día en un lugar pituco o elegante y al otro estar sentada en un mercado comiendo o en el cordón de una vereda con un plato de fideos en la mano. Y como si todo esto fuera poco, me propuse hacer esas actividades que siempre me gustaron y vaya a saber por qué motivo nunca comencé. Casi todas relacionadas a los deportes.

Resumiendo, viajo para cumplir un sueño, para superar miedos, para romper estructuras, para volverme más sociable, para dedicarle tiempo a las actividades que me gustan y para sentirme completa en esta etapa de mi vida.


La decisión

Lo que más me costó de todo, ese, el afamado primer paso.

Como decía antes, estaba cómoda y segura con la vida que llevaba, el tener un ingreso fijo a fin de mes y una rutina armada te genera seguridad, aunque no siempre felicidad.

Y… ¿Cómo sería dejar eso seguro para irme a lo incierto?; ¿Qué cosas sucederían y cómo resolverlas?; Cómo enfrentar a mi entorno y decir “Planto bandera, me cansé del sistema, ¡¡¡Me voy!!!”; ¿Cuánto tiempo sería lo ideal?...

Lo primero que necesité, fue ordenar mis ideas y establecer prioridades. Pero también comencé a buscar respuestas a todas esas preguntas que vendrían. Y la verdad, es que siempre tuve más preguntas que respuestas. Hasta me he sentido una tarada cuando en charlas, lo único que podía responder era “No se, veré…” Ahora me doy cuenta que no era una frase tonta, o que quien me escuchaba lo veía como tal, si no, que muchos de esos me veían con ganas de poder algún día decir lo mismo y estar muy seguros de afrontar esa incertidumbre. Pero lograr dar esa respuesta de forma tan abierta, me llevó 2 años y medio. Me costó tanto acomodar y dar forma al viaje que me llevó todo ese tiempo. Aun así, tomé la decisión sin estar 100% segura de lo que estaba haciendo. Dejar una vida organizada, de casi seis años en un lugar en el que comencé de cero y con todo lo que había logrado con tanto esfuerzo.

Eso sí, si de desafíos se trata, ahí estoy yo haciéndome el soldadito valiente, la que no tiene miedo de enfrentarse a nada… Pffff!!!! Puras mentiras, sólo intento autoconvencerme, de que es así para pasarla un poco mejor. Pero no importa de qué modo, ya había tomado la decisión. Puse las cosas en la balanza y finalmente, lo único que tenía por perder, era un puesto de trabajo. Pesaron mucho más las ganas de lanzarme a la aventura, que cualquier otra cosa. Y así fue…


¿Cómo viajo?

El común de la gente que no viaja, cree que uno tiene la suerte de ser adinerado y así nos damos el lujo de viajar. Pero no señores, lamento decirles que no es así.

Hay muchas formas de viajar. Particularmente yo, por el momento, viajo con ahorros, toda esa plata que otros invirtieron tal vez en comprarse un auto, yo la invertí en mi viaje. Porque tener un 0KM en la puerta de casa, no me hacía feliz. Es por eso que los ahorros de 5 años de trabajo me ayudan hoy a cumplir mi sueño.

Como decía, hay muchas formas de viajar; Yo planeo trabajar en mi rubro en pocos meses más, hay quienes hacen y venden artesanías, hay otros que trabajan ayudando en hostales a cambio de alojamiento o en un bar, por paga y comida. Hay quienes venden postales y escriben libros, como los acróbatas, otros hacen música, magia, pinturas, tejidos… Todo es válido a la hora de cumplir un sueño. Siempre digo que si somos capaces de generar recursos estando en una oficina encerrados, somos mucho más capaces de generarlos estando libres por el mundo.

Después de todo, si lo que vivís no es lo que esperabas, siempre podes volver al punto de partida.

2 comentarios:

  1. te entiendo perfectamente puesto que a mi me pasa lo mismo desde hace muchos años, yo creo que algunos nacimos para ser nómadas pero la vida moderna nos hace vivir de una forma mas sedentaria, para esos son los viajes par ser nómada y libre aunque sea por un corto plazo de tiempo...
    Mucha suerte en el camino, quizás nos encontremos.

    ResponderEliminar
  2. Que ovarios que tiene mi amiga personal, Lala, me encanta tu blog lalita!!! un abrazo gigante y seguro nos estamos viendo pronto, Alfre, o el negro como prefieras

    ResponderEliminar