16 sept. 2012

Mis días en Uyuni


Vuelvo a viajar en tren, la última vez que lo hice, si mal no recuerdo, tenía 6 años, o sea, hace 21 años que no me subo a un tren para viajar por varias horas. Los trenes tienen un significado muy importante para mí, son las bases de mi familia, los rieles son partes de mis raíces, de mi identidad. Desde mi bisabuelo que llegó de España para trabajar en el tendido de las vías férreas en Argentina, pasando por mi abuelo, hasta mi papá y primos, toda la familia fue parte del Ferrocarril en diferentes épocas de desarrollo, hasta finalmente el cierre. No sólo eso, nací y me crie en una ciudad 100% ferroviaria, San Cristóbal provincia de Santa Fé, era uno de los puntos más importantes en la red de talleres ferroviarios de Argentina, allí reparaban y ensamblaban gran parte de los repuestos de las maquinarias que se rompían, además de los interiores de los vagones y casi todos sus componentes. Era la fuente de trabajo principal, cientos y cientos de operarios. Entre esos cientos muchas veces he paseado de chica viendo como todos formaban parte de una gran cadena de trabajo. Para que se den una idea, mi ciudad se encuentra cortada al medio literalmente por las vías y los talleres, quedando dividida en parte Este y Oeste. La plaza en la que pasé tantas horas en épocas de colegio, estaba a orillas de la estación. Las barreras y los gabines, son un paisaje habitual para mí. Pero lamentablemente, todo quedó en stop, cuando decidieron cerrar el ferrocarril y la ciudad de a poco se despobló, los talleres se convirtieron en un festín para quienes eligieron entrar en expediciones nocturnas para conseguir algo de “recuerdo” o para los aburridos que eligieron romper sus vidrios. Pero aun así, son un pedazo de mi identidad, de mi educación, fue el trampolín de oportunidades para mi familia.

Y tal es así que amo viajar en tren, que esperaba las vacaciones con ansias para subirme a uno de ellos y no dormir en toda la noche para ver por donde pasaba y registrar cada kilómetro en detalle, porque la velocidad me lo permitía.

Ahora estoy tan ansiosa como en ese entonces, espero que suenen las campanadas que marcan que estamos prontos a partir, es como un mini sueño dentro de otro más grande. Estoy ya en Bolivia, camino a Uyuni que es dueño del salar más grande del mundo y me embarco en un tren.

Diez horas colgada a la ventana, observando cada paisaje, cada curva, pasando por debajo de túneles de piedra. Lo que veo es maravilloso, ríos, mucho verde, sierras, campos cultivados, pequeños poblados de adobe, niños que salen a saludarnos al paso, familias enteras y hasta obreros de una construcción que se quedan embobados viéndonos pasar, también muchas zonas con sequía, pastos amarillos, cholitas lavando la ropa en los ríos, tendiendo la ropa al sol sobre la pacha, un atardecer sin nubes, el sol anaranjado intenso. Llevo la ventanilla abierta para sentir el aire cálido en la cara, charlo con mi vecina de asiento y hasta me hago una siesta escuchando el ruido de las ruedas correr sobre los rieles. Bajamos un momento en una estación y compro las primeras empanadas de queso bolivianas, tan distintas a las nuestras como ricas. En la TV pasan folclore de Argentina, La  Sole, Los Nocheros y hasta El Chaqueño Palavecino. Las horas transcurren y llegamos a Uyuni. Me despido de Jacky y Nico, ya estoy lista para hacerme cargo de la historia que elegí. Bajo con cara de felicidad, mientras espero la mochila, ya me uno a Camille y Emeline con quien compartimos la habitación.

Comenzamos el día muy temprano, queremos ir hacer la excursión al salar de 3 días, pero aun tenemos que conseguirla, ver qué ofrece cada empresa y negociar el precio. Sabemos que tenemos que asegurarnos que el vehículo en el que vamos, sea seguro y esté en condiciones, que tenga las noches de alojamiento incluidas, así como también las comidas. En cuanto salimos del hotel, nos avanzan los promotores de las diferentes agencias que están parados en la calle intentando atrapar turistas y viajeros. Son tantos que aturden y marean, todos quieren que te subas ¡YA! a su 4x4. Un poco de silencio por favor, necesito ordenar las ideas, es muy temprano, dormí poco, aun no desayuné, Gracias… Entramos a algunas agencias que nos inspiraron confianza, negociamos tarifas, pero tenemos claro que ante que nada, está nuestra seguridad. Finalmente nos vamos con la que nos pareció mejor. 

Antes que el tour comience, desayunamos sentadas en la plaza y vamos a ver un desfile, es un día festivo en la ciudad y están bailando hombres y mujeres con vestimentas típicas.



Comenzamos la excursión, Domingo al mando de la 4x4, nuestro chofer y guía en los próximos 3 días. Al grupo se sumaba Poline y Elisa y debíamos pasar por una pareja más, todos Franceses, menos yo. Vamos al cementerio de trenes, cuánta pena, todo abandonado, los trenes oxidados, mezclados con chatarras y la historia ferroviaria en Bolivia es similar que la nuestra, de un momento a otro, el gobierno privatiza el ferrocarril y los nuevos dueños, sólo quieren aquellas líneas que le significan una rentabilidad. De esta forma quedan inhabilitados varios ramales y por tanto máquinas y vagones se desechan por falta de mantenimiento y de uso.




Continuamos nada más ni nada menos que al inmenso salar de Uyuni, un monstruo de 12 mil kilómetros cuadrados de extensión y una capa de sal que oscila entre los 6 y 10 metros de espesor.  La inmensidad que tiene, impacta. Ver cientos de metros blancos de pura sal, me llevó a tener una expresión interna de asombro; cada paso era un gran ¡¡¡Wowwww!!! El guía nos cuenta que millones de años atrás, el océano llegaba hasta esta parte del continente y al producirse el gran choque de placas tectónicas que llevó a formar la cordillera de los andes, dejó el pacífico del otro lado y el agua que quedó de algún modo encajonada en esta zona y se evaporó dando origen al salar. Existen ríos subterráneos, que son alimentados en época de lluvia, que va de Diciembre a Febrero de cada año; esto hace que existan los “ojos del salar”, que son filtraciones de agua a la superficie, también los hexágonos que se observan en toda la extensión, es la evaporación de esa humedad. Hoy en día, sólo se explota una porción muy pequeña y es la fuente de trabajo de muchas comunidades de Uyuni, el resto es una reserva natural. Muy por el contrario de lo que yo pensaba, el suelo es muy, pero muy duro, el cristal de sal tiene mucha rigidez y es muy resistente.




Ojos del salar


Hexágonos de sal



No hay caminos delimitados, las 4x4 corren sobre los cristales, como los niños en el patio del colegio, de pronto toda esa blancura se ve invadida por puntitos negros que corren en diversas direcciones, cada chofer, sigue su propia ruta. Recorremos todo un extremo del salar, hasta el volcán Tunupa, dónde nos encontramos con los pasajeros que faltaban, antes fuimos al famoso Hotel de Sal, que hoy en día funciona como museo (aunque cuentan las malas lenguas que el dueño aloja gente de forma clandestina) y nos sacamos fotos en el santuario de las banderas del mundo, aunque la de Argentina no estaba.





Hotel de sal


Volcán Tunupa

Una vez el grupo armado, corremos en dirección opuesta al volcán, para dirigirnos a la Isla “Inca Huasi”, que traducido significa “Casa del Inca”, donde visitamos una reserva de más de 800 especies de Cactus, donde algunos tienen cientos de años y el “Arco de Coral”, porque como les decía, al haber sido esto parte del fondo del océano, hay vestigios de su vida submarina.


Isla Inca Huasi


En la noche una cena calentita y rica, aunque el sol caía muy temprano y el frío se hacía presente intensamente, ningún hospedaje por estos lados tienen calefacción, las paredes son de adobe y los techos de paja, por lo que el frío se hace sentir, aun siendo que teníamos una buena cantidad de cobijas, nos acostamos dentro de la cama con nuestras bolsas de dormir. Sólo se siente el ambiente helado al levantarnos, pero con la ropa térmica que usamos de pijama, nos ponemos la ropa rapidito y no se pasa tan mal el momento.

Comienza otro día, esta vez, el paisaje cambia, pasamos del blanco radiante e incandescente por efecto del sol, a un terreno más árido, gran parte de lo que recorremos se asemeja a la estepa de la Patagonia, con la diferencia que en lugar de Coirones y Neneos, hay lo que ellos llaman Paja Brava, que es un yuyo amarillento y duro. Hoy es día de visitar lagunas y volcanes. Primer parada “Laguna Hedionda” y sí que ¡¡¡Olía mal!!! ¡¡¡Por favor!!! Y los flamencos rosados muy felices con sus patas en el agua, estoy segura que tienen el sentido del olfato atrofiado y por eso siguen ahí, como si nada, tan estilizados y elegantes, haciendo demostración de su plumaje y habilidades para andar de un lugar a otro. El motivo por el cual esa laguna tiene tan mal olor, es por la presencia de gran concentración de minerales, sobre todo de azufre. Visitamos algunas lagunas más y cerros de muchos y hermosos colores, que responden también a la cantidad de minerales que se encuentran en ellos.


Laguna Hedionda




Vamos a ver la fumarola de un volcán que aun se encuentra activo, pero el viento soplaba para el lado contrario y no se deja ver. Igual para mí, que  vengo de convivir hace poco más de un año, con la erupción de uno, me parece un poco bizarro haber hecho tantos kilómetros para ver una fumarola, igual, los guías se quedaron más copados con la historia de Bariloche y el volcán de la cadena Caulle Puyehue, que los viajeros viendo un volcán más. Seguido de eso, un almuerzo en el que me siento un Gringo más, cuando veo la parte trasera de la 4x4, montada con mantel azul y vajilla a tono, con toda la comida desplegada en lindas bandejas, también dentro de la tonalidad del entorno, vienen a mi mente muchos momentos en los que nos encontrábamos hablando de las cosas que le gustan a los gringos cuando van de visita a diferentes lugares, en particular a Bariloche y cómo cada empresa busca cubrir diferentes gustos. Ok! Hoy me siento una gringa más, sentados en medio de un paisaje increíble de formaciones rocosas  volcánicas, con todo a tono, comiendo comida regional.




Seguimos abriendo paso por donde nos queda cómodo, existen tantos caminos por el medio del desierto arenoso, como cantidad de 4x4 que ese día se encontraban de excursión. Vamos al “Árbol de piedra”, una formación de origen volcánico, es una piedra con su base muy angosta y la parte superior bien ancha, simulando ser la copa del árbol. De allí a la magnífica “Laguna Roja”, para la belleza de ese lugar no me alcanzan las palabras, el agua tiene ese color porque contiene mucho hierro y los manchones blancos que se pueden ver es una mezcla de bórax y carbonato de sodio. No resistí las ganas de tocar el agua y ver cuan roja era y la mano se me congeló. Está muy fría porque las temperaturas por la noche son muy bajas, debido a la altura. Mientras aguardamos la cena, salimos a caminar por el medio de la nada misma, intentando llegar a la laguna que parecía estar muy cerca, pero las distancias en la inmensidad de los desiertos, engaña siempre. Después de caminar un buen tiempo y sin llegar a ningún lado, el frío nos vence y volvemos. Ahí nos esperaba una sopa riquísima de Quinoa y verduras, para rematarla con un plato de lasaña. Panza llena, corazón contento, nos vamos a dormir.


Árbol de piedra



Laguna Roja



Comenzamos el día por las 6 de la mañana, tenemos que llegar a ver el amanecer entre géiseres para lograr una vista única y así fue, el contraste del vapor saliendo de las entrañas de la tierra, con el sol que comenzaba a elevarse fue algo único. De ahí a una terma natural que se encuentra entre 38° y 40°, sacarnos la ropa en una mañana con -3° y meternos en el agua, fue uno de los esfuerzos más lindos hasta el momento, ¡¡¡Qué placer!!!, al salir del agua, nos cambiamos sin problemas ni frío y continuamos la mañana calentitos y con unas sonrisas difíciles de borrar. Más cerros nevados y multicolores, más desierto, fuimos a la “Laguna Verde”, que se pone verde a partir de las 11Hs aprox. 
Que es la hora en que el viento sopla y en segundos hace que sus aguas se agiten y tomen ese color por 
la vegetación que se encuentra en el fondo de ella. De ahí seguimos hasta el  límite con Chile, a la altura del Desierto de Atacama, Emeline y Camille, se quedan aca para seguir su travesía en Chile. Es el tercer día de excursión y aun nos queda mucho por recorrer, visitamos el Valle de las Piedras, en donde nos divertimos encontrando forma a diferentes rocas.

Geiser

Terma

Cruzando por paisajes increíbles que fueron de la inmensidad del salar, pasando por desiertos, volcanes, géiseres, termas y por último valles cultivados con mucho verde y arroyos, llegamos a la ciudad de Uyuni, habiendo recorrido 1025kmts de total belleza. Paisajes únicos que no sabía que podía encontrar en Bolivia, todos en mis retinas, como decía mi abuela y 3 hermosos días compartidos con un grupo súper copado que me integró muy bien, compartieron sus chistes y hasta aprendí a jugar al “Presidente” GRACIAS a todos por este recibimiento…


3 comentarios:

  1. Gracias por compartir! Lindo relato!
    Q ue tus dias sean lindos!
    Saludos desde Brasil!

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  2. Lala la loca !!
    Muy buenas historias, lalinha!
    bss

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    1. Qué bueno que me dejes mensajitos Duduzinho!!! Bjo y Qjo pra vc :)

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